"No sé si preguntar o mejor esperar a que el sueño caiga sobre el cristal, tan frío y transparente... ¡Rostro inexpresivo! O a que la lluvia cese y no grites más.
Juraría haber escuchado lo que me dijiste, pero en la vida siempre hay posibilidades de encerrar la palabra de un sábado noche, cuando un grito enmudeció el ambiente, un letrero anunció su fin y un gesto olvidó echar el cierre a tiempo. ¡Porque sabías lo que significaba ese gesto! Y sabías que nunca nos vino mal...
Si al cantar a tu lado intentas recuperar el beso que te robé, ya sabes lo que puede ocurrir si alguna vez logras escapar de mis brazos y adentrarte en la soledad.
Tú, dama inexperta, aprovechaste la ocasión y yo... Yo planté el árbol de la sabiduría en tu escaso interés, un interés que abunda en mi perplejidad. ¡Furia, ira, desasosiego! Y me empeñé en descubrir tu mundo cuando el mío cayó a lo más profundo y ahora la rabia por volver me estremece... Y te estremece.
Quiero que puedas si puedo saber que quieres. Ayer fui a verte y sonreíste, hoy no sabes de qué hablo y mañana... ¿Quién sabe lo que ocurrirá mañana? Tal vez termines de enloquecer y dibujes sobre mojado la silueta del arrepentimiento.
Lo único que tengo claro, hija del viento, es que bebes de la fuente equivocada y no eres capaz de saborear lo que la vida nos va ofreciendo, un manjar que sólo tú y yo conocemos.
¡Quiero volver a silbar! ¡Quiero verte una vez más! Sin miedo, sin motivo... Sin tu aliento ni mi abrigo.
¡No insistas más! Olvida el pasado, déjalo marchar."
Juraría haber escuchado lo que me dijiste, pero en la vida siempre hay posibilidades de encerrar la palabra de un sábado noche, cuando un grito enmudeció el ambiente, un letrero anunció su fin y un gesto olvidó echar el cierre a tiempo. ¡Porque sabías lo que significaba ese gesto! Y sabías que nunca nos vino mal...
Si al cantar a tu lado intentas recuperar el beso que te robé, ya sabes lo que puede ocurrir si alguna vez logras escapar de mis brazos y adentrarte en la soledad.
Tú, dama inexperta, aprovechaste la ocasión y yo... Yo planté el árbol de la sabiduría en tu escaso interés, un interés que abunda en mi perplejidad. ¡Furia, ira, desasosiego! Y me empeñé en descubrir tu mundo cuando el mío cayó a lo más profundo y ahora la rabia por volver me estremece... Y te estremece.
Quiero que puedas si puedo saber que quieres. Ayer fui a verte y sonreíste, hoy no sabes de qué hablo y mañana... ¿Quién sabe lo que ocurrirá mañana? Tal vez termines de enloquecer y dibujes sobre mojado la silueta del arrepentimiento.
Lo único que tengo claro, hija del viento, es que bebes de la fuente equivocada y no eres capaz de saborear lo que la vida nos va ofreciendo, un manjar que sólo tú y yo conocemos.
¡Quiero volver a silbar! ¡Quiero verte una vez más! Sin miedo, sin motivo... Sin tu aliento ni mi abrigo.
¡No insistas más! Olvida el pasado, déjalo marchar."
Uyyyy, esta es una entrada de las que mi hija Alicia, va a disfrutar leyendo.
ResponderSuprimirUn abrazo
Basta con que a Alicia le guste este tipo de textos para seguir publicando los que tengo escritos.
SuprimirNecesito vuestras más sinceras opiniones.
¡Mil gracias!